En un clima político agitado y con la renuncia del canciller Gerardo Werthein como telón de fondo, el mercado financiero argentino vive días de extrema cautela. La visita del CEO de J.P. Morgan a Buenos Aires no alcanzó para calmar los ánimos: los inversores se cubren ante la posibilidad de un resultado electoral que altere el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei.
Los bonos soberanos en dólares operan con bajas generalizadas, mientras el contado con liquidación vuelve a escalar hasta los $1.615,85. La presión cambiaria, explican en las mesas de dinero, responde más a la cobertura de carteras que a una ola especulativa. En este contexto, el riesgo país supera otra vez los 1.000 puntos básicos, reflejo de la desconfianza global hacia los activos argentinos.
El panorama político no ayuda. La salida de Werthein alimenta versiones sobre cambios en el gabinete que podrían confirmarse tras las elecciones. Las recientes medidas oficiales —como el swap con Estados Unidos y la recompra de bonos por más de US$16.000 millones— no lograron revertir el ánimo negativo del mercado, que prioriza esperar antes que tomar posiciones nuevas.
En la Bolsa porteña, el S&P Merval retrocede 0,3% hasta los 1.997.807 puntos, con un comportamiento mixto entre las líderes: Aluar gana 1,7% y Galicia avanza 1,5%, mientras Supervielle y Cresud ceden más de 1,5%. En Wall Street, los ADRs locales caen hasta 2,6%, con descensos marcados en el sector financiero y energético. La única excepción es Bioeceres, que se dispara más de 13% gracias a la mejora de sus resultados en el exterior.
Los inversores, tanto locales como extranjeros, se preparan para una semana clave. Nadie quiere quedar expuesto antes del 26 de octubre, y la estrategia dominante pasa por mantener posiciones defensivas. Si el resultado electoral aporta previsibilidad, podría verse un rebote técnico en bonos y acciones. Pero si la fragmentación política se profundiza, el dólar y el riesgo país podrían seguir escalando.
Los mercados argentinos viven, una vez más, su propio termómetro de la política. Y hasta que no haya certezas, la consigna en la City es clara: esperar, mirar el 26-O con atención y no moverse más de lo necesario.