La economía ecuatoriana cerrará 2024 con un crecimiento inferior al esperado, afectada por la contracción del gasto público, la falta de liquidez en el sistema financiero y el lento avance de las inversiones. Sin embargo, tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional proyectan un panorama más alentador para 2025. Según sus estimaciones, el Producto Interno Bruto podría expandirse alrededor de un 2%, impulsado principalmente por el sector petrolero, la recuperación del turismo y una mejora gradual del consumo interno.
Aunque la cifra parece modesta, representa un avance respecto al débil desempeño de este año, cuando la economía apenas logró mantenerse estable. En un contexto regional, Ecuador se ubica por debajo del promedio latinoamericano, donde se espera un crecimiento del 2,3%. Sin embargo, lo que más preocupa a los analistas no es el número en sí, sino la falta de motores claros que sostengan un crecimiento a largo plazo.
El Gobierno ha insistido en que 2025 será un año clave para retomar la confianza de los mercados. Con la aprobación del acuerdo con el FMI y una eventual mejora en la recaudación tributaria, se espera que el Estado pueda retomar proyectos de inversión en infraestructura y servicios públicos. A esto se suma el impulso que podrían generar sectores como la agroindustria, la minería y la exportación de servicios, que comienzan a mostrar señales de dinamismo.
No obstante, el escenario no está exento de riesgos. Los empresarios advierten que la falta de estabilidad política y la inseguridad siguen afectando las decisiones de inversión, especialmente en el ámbito privado. A esto se suma la limitada capacidad del país para atraer capital extranjero, debido a la ausencia de reformas estructurales que mejoren la competitividad y reduzcan la burocracia.
El consumo interno, por su parte, sigue mostrando signos de debilidad. Los hogares ecuatorianos enfrentan una pérdida de poder adquisitivo acumulada durante los últimos dos años, lo que ha frenado la demanda de bienes y servicios. A pesar de que la inflación se mantiene controlada —alrededor del 2,5% anual—, el mercado laboral continúa con altos niveles de informalidad y desempleo parcial.
En el ámbito externo, los precios del petróleo seguirán siendo un factor determinante. Un barril por encima de los 80 dólares podría dar oxígeno a las finanzas públicas, mientras que una caída abrupta volvería a poner presión sobre el déficit fiscal. Además, se espera que la balanza comercial mantenga un leve superávit, gracias al buen desempeño de las exportaciones de banano, camarón y cacao.
De cara a 2026, los economistas coinciden en que Ecuador necesitará un nuevo impulso productivo y reformas de fondo para consolidar la recuperación. Sin medidas que promuevan la inversión y la generación de empleo formal, el crecimiento podría volver a estancarse. La dolarización, si bien brinda estabilidad, también limita la capacidad del país para responder a shocks externos.
En resumen, Ecuador empieza a dar señales de mejora, pero el camino hacia una recuperación sólida todavía luce largo. Las perspectivas son de moderado optimismo: el país podría crecer ligeramente, estabilizar sus cuentas fiscales y recuperar parte de la confianza perdida, siempre y cuando exista una estrategia coherente y sostenida que priorice la inversión y la productividad.
Conclusión:
El 2025 marcará una etapa decisiva para la economía ecuatoriana. La recuperación dependerá de la capacidad del Gobierno y del sector privado para generar confianza, atraer inversiones y fortalecer el mercado interno. Si las condiciones externas acompañan y la política interna se estabiliza, Ecuador podría finalmente dejar atrás la incertidumbre y entrar en una senda de crecimiento sostenible.